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Radios comunitarias, sí, pero sólo folclore

Por Roberto López Rosado*

Luego de subir a la tribuna de la Cámara de Diputados donde presenté una reserva al artículo 83 en materia de telecomunicaciones  y radiodifusión, particularmente en lo relativo a las radios comunitarias -que fue desde luego rechazada por la mayoría de las y los diputados del PRI, PAN, PV y Panal-, vino a mi cabeza, cuando regresaba a mi curul las imágenes de algunos presidentes vestidos con ropajes indígenas. Recordé cuando con uno de mis paisanos, ahí en la Plaza de Juchitán, vimos en un periódico una foto de Enrique Peña Nieto vestido, si no mal recuerdo, de Chamula. “Se ve como si fuera Hernán Cortez pero con la ropa de Cuauhtémoc en plena conquista”, dijo aquel amigo entre broma y enojo.
Sí, como Peña, que también se ha ataviado de Tarahumara, igual que de  Mazahua, lo hizo Felipe Calderón que francamente se han visto ridículos. Desde luego – le han de recomendar sus asesores-, la vestimenta debe ir acompañada de un discurso que debe versar sobre las “preocupaciones” por los indios del presidente en turno. Deben destacar en sus mensajes, con “orgullo” el gran pasado histórico de “nuestros indios”; de su cultura, de sus enseñanzas, de las pirámides a las que invitan a presidentes de otras naciones, en fin, nos convierten en una pieza de folclore turístico.
Sin embargo en la mayoría de las veces simplemente seguimos siendo invisibles. No existimos: Para celebrar los primeros 100 días de su gobierno, Peña Nieto hizo un magno evento en Palacio Nacional donde invitó a todo mundo. No podían faltar algunos y algunas indígenas para llenar la sillería. Al término, tras salir de la presentación Jesús Fuentes, Presidente del Consejo Consultivo de la Comisión Nacional para el Desarrollo de los Pueblos Indígenas  reclamó: "Ni una sola línea dedicó el presidente a los pueblos indígenas".
En su agenda para nada estamos. Históricamente hemos sido invisibles, si acaso hoy somos instrumento de presunción porque somos objeto de su principal campaña propagandística: La Cruzada Nacional contra el Hambre. Ya lo he denunciado. Los resultados “exitosos” a un año de dicha cruzada, tienen que ver más con una campaña para ganar votos, y no porque la población esté mejor alimenta producto de la estrategia de desarrollo social del gobierno.
Comento todo esto porque entre el martes 8 y la madrugada del miércoles 9, pasados, fueron aprobadas las leyes Federal de Telecomunicaciones y Radiodifusión y la del Sistema Público de Radiodifusión que si bien tienen aspectos que no podemos negar porque serán benéficos para una gran franja de la población por lo que tiene que ver con la telefonía celular, representa sí, una “contrarreforma” porque va a permitir continúen las prácticas anti competitivas y los monopolios; va a permitir como lo escribí en la entrega anterior, que arranque la “Segunda Temporada de la Ley Televisa” y todo lo que conlleva ello, ya que se excluye a los grupos indígenas en el uso social de la radio comunitaria al quedar legalizada su marginación y exclusión.
En tanto, las televisoras privadas, es decir, Televisa y TV Azteca, tendrán grandes beneficios. A estas, por ejemplo se le permite incrementar los tiempos de publicidad de manera escandalosa, mientras que a las radios comunitarias prácticamente no podrán comercializar nada, ni para financiar la compra de equipos, amén no se hacen efectivos los derechos constitucionales en materia de radiocomunicación que se establece en la fracción VI del artículo 2.
Más aún a las radios comunitarias se les supedita a vivir de la publicidad oficial, de las dádivas  que los gobiernos federal, estatales, y municipales, les quieran dar con lo que todo esto significa, pues se les tratará de condicionar  la entrega de publicidad oficial a que dejen de criticar a los gobiernos en turno, con lo que se atentaría en contra de la libertad de expresión y de prensa.
En días previo a que el Senado y en la Cámara de Diputados se aprobaran estas leyes, vimos y escuchamos un despliegue notas informativas que destacaban las “bondades” de las leyes  y los “beneficios” para los usuarios de la telefonía celular y larga distancia, pero hasta ahí. No hablaban de los medios públicos y lo que se les negó; muchos menos que las reformas acotan absolutamente a las radios comunitarias con lo que se persiste, como dije en tribuna, en un abierto rechazo al pensamiento, a las personas y comunidades indígenas y a un desprecio a sus opiniones, con lo que se pretende seguir silenciando su voz y la cultura de por lo menos 15 millones de mexicanos y mexicanas.
Pero no. No nos van a silenciar a pesar de todo esto.  Vamos a seguir haciendo un gran esfuerzo para enfrentar un sinnúmero de limitaciones que permita compartir información útil para tomar mejores decisiones, tener un diálogo entre nosotros mismos y con la sociedad no indígena y poder contribuir favorablemente a propiciar políticas públicas incluyentes y democráticas.
Enfrentar este tipo de adversidades para las y los indígenas no es nada nuevo. Mientras que para las empresas privadas -televisoras y la radio- es un gran negocio, para las comunidades indígenas es un instrumento para la formación educativa, cultural y ciudadana; un conducto para infundir valores y sentidos de pertenencia para fortalecer las identidades nacionales y regionales. Lo hemos hecho, lo seguiremos haciendo.
Insistió, esta reforma que fue avalada por legisladores y legisladoras del PRI, PAN, PV y Panal, es “vergonzosamente discriminatoria” porque además se le limita a las radios comunitarias  a las franjas del “Dial”, -es decir, la superficie con letras o números que sirve para seleccionar, mediante un indicador, la emisora en un aparato de radio o televisión-  técnicamente menos favorables para las audiencias, tanto en la banda de frecuencia modulada, como en la banda de amplitud modulada.
El etnólogo José del Val comentó en algún momento a propósito de la realización de un seminario de radio y comunicación indígena en Oaxaca: “El problema de la comunicación indígena, de las radios en lenguas indígenas, debe ser atendido de manera primordial, pero también es esencial que el resto de la sociedad en México, abramos los espacios para comprender que la multiculturalidad es una tarea que tiene el país enfrente”.
La comunicación indígena e intercultural como han reconocido muchos, es primordial para la supervivencia y desarrollo de las comunidades indígenas, pero además es un derecho humano, un derecho postergado, que fue ratificado por México en convenios, pactos, declaraciones e informes internacionales, el cual sigue sin cumplirse. El gobierno federal y su partido presumen: “Sí a las radios comunitarias, pero que no cuestionen, que no hagan reflexionar a nadie. Sí, solo sí, si hablan de nuestro folclore”.
*Diputado federal por Oaxaca del PRD

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