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Esto no es una democracia

Por Roberto López Rosado*

Han pasado tres semanas de las elecciones. La atención se dirige particularmente al triunfo de los llamados candidatos independientes y que el Movimiento de Regeneración Nacional (Morena) va a tener una representación importante en el congreso federal, particularmente porque esta es su primera elección, amén de otros triunfos, señaladamente en la Ciudad de México.
Escucho en Oaxaca, en la capital del país, pero también sé que en distintas partes del país hablan, como es lógico, de los resultados de las elecciones, de los triunfos y derrotas de las corrientes dentro de cada uno de los partidos y ya –desde luego también-, se hace futurismo; de quién podrían ser los “destapados a la grande”; varios han levantado la mano diciendo: “¡yo quiero!”.
Sin embargo nadie, o tal vez muy pocos han tocado el tema de que como señalaba en mi entrega anterior, “retrocedimos”, “involucionamos” lamentablemente en lo que muchos presumen “vivimos en una democracia”.
En un análisis interesante que realizó Christian Uziel García Reyes, licenciado en Ciencias Políticas y Administración Pública quien ganó el Primer Concurso de Ensayo Político "Carlos Sirvent Gutiérrez" en la categoría de Egresados titulados menores de 30 años de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales, UNAM, señala que “se consideran elecciones democráticas aquellas en las que la única incertidumbre existente es la de los resultados…”. Dice García Reyes:
“En México, hasta hace menos de tres lustros, era difícil caracterizar a los procesos electorales de esta forma; la voluntad de los electores ni era respetada, ni las reglas del juego estaban claramente establecidas y, por ende, ningún partido distinto al del régimen, el Partido Revolucionario Institucional (PRI), tenía la posibilidad real de obtener triunfos suficientes para ser un contrapeso efectivo. La única certeza con la que la ciudadanía contaba, desde antes de sufragar, era que el PRI ganaría la mayoría de los cargos a disputarse incluida, por supuesto, la Presidencia de la República”.
Efectivamente las elecciones que vivimos semanas atrás muestra que involucionamos, que la voluntad ciudadana se respeta donde al régimen le conviene, y cuando de plano no tiene el control absoluto, que le es imposible comprar conciencias por lo que nadie puede calificarlas como “plenamente democráticas”.
En el año 2000 la ciudadanía participó masivamente bajo la premisa de sacar del poder al PRI y lo logró, como digo, participando masivamente, pero desgraciadamente sufrió una fuerte desilusión de aquel gobierno, el de Vicente Fox, que no cumplió las expectativas que había desplegado muy a su estilo.
Seis años después acudimos a otro proceso comicial donde aún existen fuertes dudas de cómo “ganó” Felipe Calderón, se dice, ayudado, al viejo estilo priísta, por la profesora Elba Esther Gordillo, que hay que decirlo de paso, le costó que sus ex compañeros del PRI le hayan cobrado la factura por aliarse al panismo calderonista y haber usado las mismas prácticas que cada elección usan para “ganar”, pero esa ocasión la profesora les vencióen la partida. El PAN, desde luego se ufanaba que habían sido unas elecciones “limpias y democráticas”.
En la siguiente elección, hace tres años, el priísmo se preparó para ganar las elecciones a como diera lugar, costara lo que costara la Presidencia de la República y la mayoría en el Congreso. Enrique Peña Nieto ganó a “tarjetazos”. La voluntad ciudadana se compró a cambio de aquellas famosas tarjetas “Monex” y “Soriana”. La historia da cuenta de ello.
En ese momento, he de reconocer, la compra de la Presidencia y de la mayoría en el Congreso fue un tema que se tocó, pero digo yo, “insuficiente”, amén de que también se compraron “plumas” y se coaccionó a medios y periodistas para que evitaran hablar de ello.
Hoy en estas elecciones la compra y coacción del voto no se escucha, no se toca. Nadie habla de que nuevamente el PRI como dije la semana pasada: “y volvieron a las andadas. El 7 de junio, fue el colofón. El PRI regresó a su pasado, a ganar comprando el voto, coaccionando a las y los ciudadanos. Cuando se “gana” comprando el voto nadie puede presumir que vivimos una democracia, cuando se coacciona, tampoco.
En todo el país se repitió esto. En Oaxaca además hubo intimidación a funcionarios electorales, abandono de casillas, cierre de éstas, robo y quema de urnas, violencia  y otras formas más. Es decir, durante, y no sólo el 7 de junio, no hubo condiciones para la competencia y por lo tanto, no podemos decir que vivimos unas elecciones plenamente democráticas, y por ello, pocos son los que hablan de este tema, y otros distraen la atención, entiendo, en lo que llaman  un asunto “noticioso”, es decir,  que ganaron varios “independientes”.
Que ha habido un avance constante y grandes esfuerzos por construir la democracia en México, sí, sí lo ha habido, no lo puedo negar. Se dice que “elecciones competitivas corresponden a sistemas democráticos; elecciones semicompetitivas a sistemas autoritarios, y elecciones no competitivas a sistemas totalitarios”.
Seguramente muchos coincidirán conmigo que estamos en la segunda categoría, el de un partido hegemónico que permite la competencia hasta donde le conviene para presumir de que vivimos en un régimen democrático, que permite existan otros partidos, de preferencia satélites  y si le son adversos, recurre a la misma fórmula: “comprar y/o coaccionar”.
Sí, efectivamente, el triunfo de Jaime Rodríguez, “El Bronco” en Nuevo León y  de Pedro Kumamoto en el distrito 10 federal de Jalisco, merece un análisis sociológico profundo, una o varias reflexiones ciudadanas y de los partidos políticos, pero estoy convencido de que necesitamos volver a reflexionar porqué como sociedad hemos permitido que involucionemos, porque hemos consentido que el PRI vuelva a las andadas de siempre, que el voto se compre, que se coaccione al electorado, que se roben, que se quemen urnas. Esto no es una democracia, así de sencillo.
*Diputado federal del PRD por Oaxaca