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Pasando lista de presente
POR: RAUL MALDONADO ZURITA*.
Prostitución, alcoholismo y drogadicción, mezcla infernal

· “Ni la esclavitud, ni sus sinónimos semánticos, han sido liberados todavía, por muchos humanos derechos que mastiquemos en la boca.”

PASANDO LISTA DE PRESENTE en el aula de la vida para resaltar que el día 2 y 10 de diciembre, conmemoramos los días internacionales de: la Abolición de la Esclavitud y de los Derechos Humanos. Los dos temas están unidos y férreamente identificados.
Sin embargo, yo acuso que en la faz de la tierra, se habla de paz y se hace la guerra, se proclaman los derechos humanos y se pisotea la dignidad de los pueblos.

Yo acuso, que millones de seres humanos se explotan en redes criminales de prostitución, pornografía y esclavitud laboral.

Una vez más afirmo desde esta tribuna cívica, todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos, y dotados como están de razón y conciencia, deben comportarse fraternalmente los unos con los otros.

En el 2008 (este 2017, cumplí 13 años de publicar esta columna), escribí un reportaje que titulé: PROSTITUCIÓN, ALCOHOLISMO Y DROGADICCIÓN, MEZCLA INFERNAL.

Lo comparto íntegramente, con ustedes:
•         Amanda, de 18 años, se prostituye desde hace un año en que llegó de Tuxtla Gutiérrez, Chiapas.

En una cantina maloliente, con olor intenso a cerveza, licor y a perfume de “siete machos”, veinte mujeres se dedican al oficio más antiguo del mundo “la prostitución”, hoy llamado “sexoservicio”; en nuestros pueblos a estas mujeres les llaman “las prófugas del metate”. Entre ellas sobresale Amanda (me reservo sus apellidos), llegó hace un año de Tuxtla Gutiérrez, “venía por unos meses”. El pasado 12 de septiembre cumplió 18 años “y me pusieron una borrachera bárbara, tomamos toda la noche”, ella se hace llamar “Mary”. Acepta la entrevista -no fue fácil convencerla- y que nos tomen unas fotos con la condición de “que sea rapidito no se vayan a dar cuenta ni el cantinero ni las demás porque me van a regañar muy feo”. Le explico largamente que soy periodista, y quiero exponer la situación que sufren las jóvenes de su edad, el entorno en que se marchita la primavera en flor, como poco a poco se va descendiendo en la escalera social.

Me pregunta ¿a poco voy a aparecer en los periódicos? - Sí, le digo, y rompe a reír, ríe con muchas ganas y mueve los brazos, ¿y qué me vas a dar o todo lo quieres de “gorrión”? Le interrogo qué es eso de “gorrión”, “de gorra, gratis, jajajaja, sin que te cueste nada”, me responde. Le confío que el trabajo lo hago para ganar el premio de reportaje joven, que estudio en la universidad.

-¡Ah bueno así sí, vas a ver que yo te voy a dar mucha suerte-, exclama mientras ríe.

Debo decir que tiene una risa musical, lástima que su alma esté tan apedreada por la vida.

¿Por qué te prostituyes? Ni bien acabo de terminar la pregunta y suelta el llanto, se cubre con las manos el rostro engalanado por dos ojos aceitunados, su cutis es fino y su cabello semiondulado, que le llega debajo de los glúteos. Los ojos son el espejo del alma, y el de ella debe ser muy reluciente a pesar de tantas asquerosidades que ha tenido que soportar en ese submundo infecto y repugnante.

Me dice -si ganas el premio me vas a llevar a bailar, quiero que me lleves a un baile de esos que se anuncian en las paredes-, ¿qué dices, aceptas o no?, y hace el intento de pararse, -claro que sí, le digo tomándola del brazo, pero aún no me has contestado.

Un señor que está en la mesa de la entrada, la invita a bailar, y ella lo rechaza -“estoy ocupada”-, le contesta.

“¡Ya ves te prefiero a ti!”, y vuelve a reír mientras se peina.

“¡Es horrible meterse con todos los señores, gordos, apestosos, todos sudados!” Suelta nuevamente el llanto, y con voz entrecortada dice: “¡Hay muchos que piensan que una no tiene corazón, que una no siente, que no la lastiman con la mirada toda lujuriosa, con sus manoseos, y con su apestosa boca!” Lágrimas escurren de sus lindos ojos mientras narra su calvario: “Aquí hay de todo, putos, marihuana, coca lo que tú quieras, pero la vienen a vender, aquí adentro sólo muchachas, cerveza y licor consigues. Un día sí me puse muy mal, me di unos “pericazos” con un pinche viejo que me tuvo encerrada casi todo un día. Pero ese fue el único día ahora aunque me viene a buscar yo le digo que no, que si quiere vamos al cuarto pero nada de salir, luego se propasan con una, y quieren que le entre a todo, y yo no, ya no quiero hacerlo”.  Sus lágrimas son agujas en mí, me siento muy mal, que una muchachita tenga que sufrir tanto siendo tan joven. Cóctel explosivo es la mezcla infernal de prostitución, alcoholismo y drogadicción. ¿Pero, por qué le entraste a todo esto? Le pregunto mientras limpio sus lágrimas.

-Mira te voy a contar que por una deuda con el banco que llegó de puro interés a $50, 000.00 me vine de allá para trabajar aquí, allá no teníamos ni para comer todo estaba de la chingada, y a mí mamá la amenazó un licenciado que la iban a meter al “bote”, mi pobre jefa se pasaba las noches llorando, estaba desesperada y… el primero con el que me metí fue con él, ese pinche licenciado que dijo que así la iba a ayudar, y después decía que estaba regrueso el asunto, que de todas maneras el dinero se tenía que pagar, ahora cada semana le mando a mi mamá mil pesos a veces le mando hasta tres mil, ya mero acabamos de pagar y ya quiero dejar toda esta chingadera, yo por todo este desmadre no creo en esos desgraciados licenciados, ya no creo en nada ni en nadie, es más no sé por qué te platico todo esto, a lo mejor porque estás chavo igual que yo- agrega- aquí si tengo para comer, y pregunta ¿tú has sentido lo que es la verdadera hambre… cuando te chillan las tripas?” Se hace un silencio pesado, de repente la rockola deja escapar lamentos musicales de Paquita la del Barrio.

Continúa mientras mira alrededor “Si te fijas me llaman mucho los señores les gusto mucho porque estoy joven y bonita; eso sí, yo les anticipo que no me meto con ellos sí no van “encapuchados”; ahorita que fui por un cigarro, me dijo Juan, el cantinero, qué hacía yo contigo, que aquí no vengo a perder el tiempo, lo contente diciéndole que luego me repongo”.

¿Y tus amigas también han sufrido como tú?  Nel, no, para nada, aunque unas sí -me contesta mientras fuma- la Frida viene aquí para conseguir billetes para entrarle a la cocaína, sus padres de ella los dos son maestros, y ella ya lleva como cuatro años en este relajo, pero solo viene los fines de semana, así me platicó la vez pasada. “Y aquí ya se “petatearon” como seis de sidral, (sidral así le dicen al SIDA),- me comenta-, por eso se le exige a todo mundo que se pongan el disfraz de Marcos, “la capucha”, y suelta la risa contagiosa.

Aunque afirma, “que solo cuando están sin tomar es que se ponen exigentes con el uso del condón, porque cuando ya están bien pedas ni quien se acuerde”.

-Es de anotar que el SIDA se ha disparado en la población joven-.

¿Y no tienes miedo de infectarte? “Pues la mera verdad que sí, pero qué se le hace”, manifiesta entre temerosa y resignada.

Desperté interés en ella, cuando le dije que los músicos y poetas les han dedicado canciones y poemas a las mujeres “que venden su amor”, pero ella me dijo “yo no vendo amor, yo vendo sexo”.

-A ver qué poemas-, me dijo ansiosa, “A una Ramera” de Antonio Plaza y “Canonicemos a las putas” de Jaime Sabines, fue mi respuesta; “que venga uno de ahí, que se escuche uno, ¡con que sabe el chamaco, eh!”  Me pidió declamara mientras exclamaba “vengan a escuchar al chavo que me va a recitar un poema”, ya me disponía a complacerla cuando en ese momento se escuchó un grito “ahora sí ya estuvo bueno de perder el tiempo, te habla el licenciado Mancilla que lo acompañes a tomar una botella”, era Juan el cantinero, que ya había recibido propina de un parroquiano para llevarla a su mesa. Acercando sus labios a mi oído, musitó: “ni modos la plática se acabó, ahorita voy a trabajar” y contoneándose se alejó.

Una voz aguardentosa hacía que cantaba en el micrófono chillante: “vende caro tu amor, aventurera, da el precio del dolor a tu pecado, y aquel que de tu boca la miel quiera que pague con brillante tu pecado….”

A la salida uno de los “sacaborrachos” me espetó: “aquí se viene a “picar” y a glu, glu, glu no nada más a blablabla” al momento que me pide su propina y suelta la risa escandalosa.

Salí dejando atrás el penetrante olor nauseabundo a alcohol, a sudor y a cigarro, ese ambiente apesta, dan ganas de vomitar; en toda la zona conurbada de Oaxaca de Juárez abundan estos antros de mala muerte. El aire fresco por el rumbo de las vías del ferrocarril me reconfortó. El drama de Amanda, sacude el alma, inquieta y conmueve. Es círculo vicioso donde como dice la canción “la vida no vale nada”. O te mueres de Sida, o de cirrosis, o te matan, o de plano “ya no regresas del viaje”, pero eso sí, una cosa es segura de que te mueres te mueres.

Ya en casa con la cabeza en la almohada releo a Sabines: “Das el placer, oh puta redentora del mundo, y nada pides a cambio sino unas monedas miserables. No exiges ser amada, respetada, atendida, ni imitas a las esposas con los lloriqueos, las reconvenciones y los celos. No obligas a nadie a la despedida ni a la reconciliación; no chupas la sangre ni el tiempo; eres limpia de culpa; recibes en tu seno a los pecadores, escuchas las palabras y los sueños, sonríes y besas. Eres paciente, experta, atribulada, sabia, sin rencor.

Eres la confidente del borracho, el refugio del perseguido, el lecho del que no tiene reposo…”

El alcoholismo, drogadicción y la prostitución forzada, también es esclavitud.

*PREMIO ESTATAL DE LA JUVENTUD BICENTENARIO 2010, MAESTRÍA EN LITIGACIÓN EN JUICIOS ORALES.

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