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No pagues “ojo por ojo, ni diente por diente”: llamado de la Iglesia

Vamos a amarnos y acercándonos con la suegra, que cuesta trabajo: sacerdote Alejandro  

Guillermo Castillejos Avila

Amen y oren por los que los persiguen, por los que los maldicen, no pagues “ojo por ojo, ni diente por diente, el Señor nos invita a ser sus discípulos, escuchar y hacer lo que su maestro les dice.

Vamos acercándonos con la suegra que tanto trabajo cuesta, vamos a amarnos, vamos a buscar ser verdaderos discípulos de Jesús, como lo dice el evangelio, fue el exhorto del sacerdote, Alejandro Rodríguez González, a los católicos asistentes a la misa del medio día, en  el templo de la Catedral metropolitana.   

El párroco del Sagrario Metropolitano, se refirió a uno de los pasajes en la vida de Jesús, donde atrajo a Pedro, lo hizo remar mar adentro, le dio una pesca milagrosa, le llenó las redes de lo que necesitaba y le mostró que cuando se confía en la palabra de Dios, se logran grandes cosas.     

Dijo que no defendemos la fe que se ha recibido, citó el caso cuando un vecino se cambia de religión y lejos de sensibilizarlo que queremos a Cristo, nos contentamos con echarle la culpa al sacerdote o a la iglesia de que cada día hay mas protestantes, mientras se está cómodamente en casa viendo como se cambian.     

El sacerdote Alejandro, habló de la mamá que tomó a su niño y se suicidó por haber caído en un estado de depresión duro y difícil. Afirmó que si hubiera estado a su lado un  católico o un cristiano y le hubiese hablado, hubiera comprendido su dolor, desearle ánimo, apoyarla y ayudarla.       

Aprovechó el momento para decir a los asistentes a la misa: dejemos que el Señor nos lleve mar adentro, nos saque de nuestra zona de confort en la que a veces estamos, porque el discípulo tiene que seguir consecuencias del maestro.   

Llamó a no tener miedo que el Señor nos lleve mar adentro, ahí donde a veces no queremos regresar porque nos lastima, donde nos hemos equivocado, pero el amor de Dios es mas grande y nos bendice ante un fracaso. 

Tenemos que convertirnos en discípulos de Jesús, hacer lo que nos pide porque si la sociedad necesita cambios, es a través de nosotros, de la luz que puede ser cada católico, cada cristiano.

Los grandes cambios se dan a través de pequeños actos que nadie ve, pero van generando una bola de nieve, una gran transformación en nuestra vida, afirmó.      

Por decir la verdad, por construir una sociedad mas justa, algo distinto, diferente, estamos invitados a responder al llamado que el Señor te está diciendo que escuches y cumplas. 

Dijo al final de su homilía que no nos creemos, en la casa, el hijo no le cree al papá, la esposa no le cree al esposo, ustedes---refiriéndose a los presentes--- no le creen al sacerdote y el sacerdote no le cree al obispo.

Así nos vamos a veces en una incredulidad, pero creámosle a quien nos dice en  tu nombre Señor y echaremos las redes.